Brújula Perdida, de la trilogía “No Me Dejes Ir”, ya en preventa. ¡Lee un capítulo gratis!

¡Hola a todos! Hoy tengo el placer de anunciar que el libro “Brújula Perdida“, continuación de la novela “Más que solo amigos“, ya está en preventa, y lo puedes ordenar aquí 😀 Como en otros posts en los que hablo de libros que publico, comenzaremos con la…

 

Sinopsis

Después de que West Rivers comete el peor error de su vida, nada es igual con su mejor amigo de toda la vida, Max Friedmann. Este rompió su collar de la amistad, no le quiere hablar (a pesar de que son vecinos)… y West solo siente que su mundo se vino abajo.

La reciente confesión de Max en la que se declaraba gay ocasionó que su mejor amigo se alejara de él… y Max no podría estar más dolido y ofendido. ¿West es homofóbico? ¿Quién había creído su salvador en tiempos tristes en realidad era quien peor lo iba a castigar por ser él mismo? Siquiera, ¿por qué le había dicho que podía contarle lo que quisiera, si lo iba a juzgar por sus gustos, por algo que no puede cambiar ni controlar? ¡Es un imbécil, lo odia, y no quiere verlo ni en pintura!

Por su parte, West no sabe qué hacer. Se alejó de Max para poder aclarar su cabeza, porque ahora se siente raro estando cerca de su mejor amigo, no sabe qué piensa o siente por él, no sabe por qué tiene esa clase de sueños sobre su mejor amigo… pero si hay algo que sabe es que necesita a Max.

Tiene que hacer algo para recuperarlo. Tiene que pensar en un plan, hacer cosas que nunca antes había hecho…

Porque sí, Westley es una Brújula.

Pero sin Max, es una Brújula Perdida.

 

Puedes adquirir “Brújula Perdida” aquí 😀

 

En caso de que no hayas visto mi blog en estas últimas semanas, publiqué un “microrrelato“, por así decirlo, aquí, que es una historia que cuenta West en la novela Brújula Perdida: La luz en una noche de tormenta. Te recomiendo leerlo, porque es muy tierno 😉 y, en caso de que no lo hayas leído, de igual manera traigo algo adicional: un fragmento de la historia 😀

 

Este es el capítulo 5. Y te preguntarás: Violet, ¿por qué muestras el capítulo 5, en lugar de mostrar el 1 o 2? Bueno, eso es porque el 1, 2 y 3 ya los mostré como material extra en la novelette “Estrella de Ojos Azules“, así que me parecía lo más justo mostrar algo que fuera totalmente inédito para TODOS 😉 

(Si quieres leer los capítulos 1, 2 y 3 antes de la fecha de lanzamiento de la novela, puedes hacerlo adquiriendo “Estrella de ojos azules” 😉 )

 

Capítulo 5

Me bañé, alisté para la fiesta y demás y, llegada la hora, Owen y yo fuimos al sitio acordado. Para mi pesar, casi no había nadie interesante —es decir, no había ido Max. Aaron estaba allí, supuse que otro de sus amigos del equipo le había dicho que fuera y, después de saludarlos a todos y hacer notar que estaba allí, que no había faltado, me encaminé hasta la azotea. Allí, saqué mi teléfono, disponiéndome a escuchar música.

Estuve solo un rato, escuchando las melodías de la tercera sinfonía de Saint Saëns, mirando la ciudad, sus movimientos y todas las luces que hacían que la vista fuera asombrosa, y sacudí la cabeza. Habría sido mejor si Max estuviera allí, porque a él le gustaban esa clase de cosas que son hermosas y que casi nadie ve por llevar una vida demasiado apresurada y, llegado un momento, suspiré sonoramente, sintiéndome vencido por completo.

Pasados unos quince minutos, aproximadamente, vi que Aaron pasó frente a mí y se sentó a mi lado. Me quité un audífono, el derecho, que era el lado donde él estaba sentado con respecto a mí, y le pregunté qué hacía allí.

—La fiesta está aburrida.

—Ni me lo digas.

—¿Y tú? ¿Qué haces aquí?

Me encogí de hombros.

—Me siento mal.

—¿Por qué no hablas con Max y arreglas las cosas?

—No todo se trata de él.

—Si tanto te gusta, deberías decírselo. Merece saberlo.

Y yo exploté.

—¡No me gusta!

Me miró fijamente, como si estuviera analizándome, y suspiró, con expresión enojada.

—Nunca te has puesto así por una chica.

—¡Porque no me gustan!

—¡Claro que no te gustan, imbécil, porque solo tienes ojos para él!

Una frase me pasó por la mente y sonreí de lado.

—Él no es el cereal.

Aaron rodó los ojos y me dio un manotazo en la cabeza.

—¿Y si él es tu cereal?

Lo miré de soslayo con expresión de incomprensión.

—Deja de decir cursilerías.

Y a él una idea pareció ocurrírsele y chasqueó la lengua.

—Cuando estás bien estás mal.

Lo miré con expresión aún más atónita y le di un manotazo en la cabeza.

—El de las frases locas es Max, ¿sí? No tú. Respeta los roles de cada quien.

—Me refiero a que él dijo que eso era una metáfora, ¿no recuerdas? —Asentí con la cabeza y seguí mirándolo, prestándole suma atención—. Significa que cuando crees que una cosa es de una forma en realidad es otra. Te gusta pero no lo quieres admitir —Rió por lo bajo—. ¿No lo ves? —Yo negué con la cabeza—. Ese chiste estúpido es tu vida entera, West. Y Max te lo dijo mil veces y tú solo…

Lo interrumpí con el ceño fruncido y enojado.

—No es así. Uno, quizá su estúpida metáfora significa otra cosa y…

Me interrumpió.

—Escúchame, ¿sí? Solo escúchame. Vi en una serie en la que los protagonistas vivían juntos desde niños y estaban enamorados el uno del otro, pero estaban tan acostumbrados a pasar todo el día juntos, a estar juntos y a hacer todo juntos que no se daban cuenta. ¿Y si eso es lo que pasa contigo?

—Es ridículo. No es mi caso.

Se cruzó de brazos y me miró con expresión insólita.

—A ver, ¿qué música siquiera estás escuchando?

Abrí los ojos como platos y moví mis manos hasta el auricular que no tenía conectado a la oreja, pero ya era demasiado tarde; lo había tomado antes que yo y se lo había colocado en el oído. Al escuchar lo que estaba sonando, me miró con incredulidad.

—Si no te gusta Max ¿por qué estás escuchando eso?

—¡Porque es mi favorita! —rugí enojado—. ¡No todo tiene que ver con él, maldita sea! ¡La música clásica no le pertenece solo a él; yo también puedo escucharla por mí!

—Bien… es tu favorita. ¿Por qué?

—¡Porque me gusta y ya! ¡No tengo que tener una razón para que me guste! ¡Si me gusta, me gusta y ya, y no necesito razones para justificarlo!

—¿Estás seguro de que no tiene que ver con él?

Asentí respirando profundamente; intenté tranquilizarme y no hacer nada alocado.

—Sí, Aaron, estoy seguro.

Él también asintió y yo suspiré con alivio; al fin parecía entender algo.

—¿No se supone que no te gusta la música clásica?

—No es que no me guste, ¿entiendes? Sino que… no es lo que estoy acostumbrado a escuchar.

Aaron sonrió con complacencia.

—Exactamente así es tu relación con Max.

¿No era que no me gustaba sino que no era a lo que estaba acostumbrado?

¿Eso era posible en la práctica y no solo en la teoría?

—Ni siquiera sé por qué me dices todas estas cosas —suspiré—. No es por ofenderte, pero no es tu problema. Tú deberías estar preocupado por Melissa o tus clases o qué sé yo. Deberías preocuparte por todo menos por mí y mi relación con Max.

No era lo que parecía. No me refería a que me molestara que se preocupara por mí, lo que me enojaba era que yo sentía que mi problema era únicamente mío, que únicamente me concernía a mí resolverlo o no o ver qué hacer con él, pero todos parecían querer entrometerse… y lo odiaba. Se sentía como si no confiaran en mí lo suficiente como para saber que haría lo que se suponía que era correcto, lo que se suponía que debía hacer o lo que se suponía que terminaría arreglándolo todo.

—Te estoy diciendo esto porque no soporto verlos así —dijo mi interlocutor—. También ha estado pasándola mal, ¿sabes? Para él también ha sido difícil.

—Sí, tan malditamente difícil que está saliendo con Eddie y a mí ni me mira en el pasillo.

—¿No has pensado que podría estar haciéndolo para olvidarte?

Fruncí el ceño ante la nueva posibilidad. No se me habría pasado por la cabeza que eso siquiera sería posible, pero… sonaba interesante.

—Yo no le gusto —dije con convicción—. Él no me gusta. Es así de simple.

Mi amigo sonrió y negó con la cabeza.

—Tú le gustas. Él te gusta. Es así de simple.

Rodé los ojos y me mordí el labio con frustración.

—¿No deberías bajar? Podrías beber algo o no sé, divertirte, en lugar de estar aquí conmigo perdiendo el tiempo.

—No creo que esta conversación sea una pérdida de tiempo. En lo absoluto.

—Como digas.

—Es que… ustedes son como Fox y Bastian. Se ve que se gustan pero no lo admiten.

Levanté una ceja. Tenía cierta información sobre Fox con respecto a su amor por Bastian, pero… ¿qué tanto sabían los demás? ¿Qué observaban desde afuera?

—¿Cómo sabes que se gustan?

—Por la forma en la que se miran el uno al otro.

—¿Cómo?

—Se ven el uno al otro como tú ves al cereal.

Abrí la boca con asombro.

—¡Vaya! ¡Eso sí que es amor!

—Exacto. Lo mismo que tú sientes por Max.

Rodé los ojos.

—Ya para con eso.

—Es que, de verdad, Brújula descompuesta, de verdad, parece que les falta una parte de ustedes, ¿sabes? Como si…

—¿Como si fuéramos el complemento del otro? Owen me lo dijo el otro día. Me pareció entre gracioso y ridículo.

—Pues yo creo que tiene razón.

Rodé los ojos y di el asunto por olvidado.

—Regresa a la fiesta, ¿sí?

—Admite que te gusta, ¿sí?

Le palmeé el hombro. Lo vi levantarse y entró de nuevo al lugar. Yo decidí quedarme allí un rato más y, cuando ya había oído la sinfonía por tercera vez consecutiva, porque simplemente me encantaba demasiado, me fui.

 

El siguiente día, no hice acto de presencia en casa de Maximilian. Me dolía la cabeza y, honestamente, no podía ir. No podía y ya —sabía que no soportaría verlo sin poder siquiera abrazarlo o algo parecido. Al mediodía, recordé que debía hacer una tarea, por lo que llamé a Owen y le pedí que me hiciera un favor.

—Sí, claro, el que quieras —dijo al oírme—. ¿Qué ocurre?

—Necesito que me cuentes una historia. De preferencia, un libro. O sea, tú sólo lee el libro y me lo cuentas luego. Como un resumen, pero sin ser resumen, ¿entiendes? Porque el resumen lo tengo que hacer yo, así que no pierdas ningún detalle ni nada que pueda ser importante porque, si lo haces, reprobaré.

Carraspeó.

—Estás bromeando, ¿no?

—¿Crees que estaría bromeando sobre algo como esto? Nunca me tomaría una evaluación como una broma.

—¿Por qué demonios no lees tú mismo el libro?

Me rasqué la cabeza, avergonzado, y no respondí por unos segundos.

—¿Aló? ¿Sigues ahí?

—Es que… Max siempre me contaba los libros que leía y yo nunca tenía que leerlos por eso.

Lo escuché reír un poco y suspiró.

—Bien, esa es una historia hermosa pero, dos cosas. Uno, me duele la cabeza. Y dos, en vista de que Max ya no está en tu vida, te recomiendo que aprendas a hacer por ti mismo las cosas que él hacía por ti. Como esta, por ejemplo, que es leer un miserable libro y no es tan difícil como parece.

—¡Es que no se trata de que sea difícil!

—¿Entonces cuál es el problema con leer el libro?

—¡Que me gustaba más cuando él me contaba lo que ocurría porque lo hacía con tanta emoción que las historias de verdad parecían fascinantes!

Lo escuché reír por unos momentos y me enojé; le contaba mi problema y él se reía. Qué considerado de su parte.

—Creo que lo que de verdad te ha parecido fascinante de toda tu experiencia de lectura con Max no han sido las historias, sino él mismo, ¿sabes?

—Es que él tiene como un toque, ¿ves? Como una magia que…

—¡Y aún sigues negando que te gusta! —Me interrumpió riendo—. ¡Es que no puedo creer que alguien así exista, de verdad!

Gruñí.

—¡Yo te estoy contando mi problema y tú vienes a sacarme de nuevo que supuestamente estoy enamorado de él! ¡Está bien que nos shipees, Owen, pero tienes que entender que no todo lo que me ocurre con respecto a él está relacionado con mi supuesto amor romántico por su persona!

—¡Es que lo que te gustaba de que Max te contara las historias no era que te las contara, sino que lo hiciera él! De nada serviría que lo hiciera yo porque no soy él, y la cosa es que la magia que tú crees que él tiene al contar las historias no es otra cosa que él mismo, ¿entiendes? Él es esa magia de la que hablas y que tanto amas, y como no soy él, nunca la voy a tener, y por eso sería inútil que te contara lo más mínimo, porque no quieres que te cuente una historia; lo que de verdad quieres es a él.

Balbuceé unas cuantas sílabas pero no llegaron a formar ni siquiera una palabra concreta.

—¿Westley? —dijo con miedo. Esperó mi respuesta lo escuché tragar saliva—. ¿Fui demasiado directo?

Sentí las lágrimas inundar mis ojos y carraspeé.

—Yo leeré el libro. Gracias.

 

Puedes comprar el libro en tu tienda digital de preferencia (incluyendo Amazon) aquí 😉

 

Quiero aclarar que la novela tiene un precio especial como promoción por la preventa. Sin embargo, cuando esta termine, el precio subirá un poco (pero tampoco será tanto, tranqui). Esto es debido a que el libro es el doble de grande que Más que solo amigos… lo que significa que me llevó más tiempo escribirlo, editarlo y terminarlo. 

Y quizá pensarás: Violet, pero es arte. El arte debería ser gratis. A lo que te responderé: sí, pero nadie me da nada gratis cuando voy a tiendas y tengo que comprar comida, así que, por los momentos, no puedo publicar todo de forma gratuita. Necesito comer y sobrevivir, y ya que le pongo tanto esfuerzo y tiempo a mi arte, me veo en la necesidad de monetizarlo. Lo lamento si eso te causa algún inconveniente, pero es el mundo en el que vivimos.

 

Puedes suscribirte a mi canal en YouTube 😉 Subo videos cada dos semanas, apoximadamente ❤ 

 

Te recomiendo leer o descargar algunas de las historias que tengo publicadas de forma gratuita, o también comprando los que están a la venta y así apoyarme 😀 Puedes apoyarme también en Paypal, o simplemente compartiendo este post, dándole like y suscribiéndote al blog 🙂

Son cosas pequeñas, pero que ayudan muchísimo.

 

De verdad miles de gracias por el apoyo y por todo.

 

All the queer love, Violet Pollux

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